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Privado - Conversaciones en un café -

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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Miér Feb 29, 2012 6:05 am

Cuando regrese mi “hermano” ya había envuelto el cuerpo de aquel hombre tal como se debía para darle los honores necesarios y debidos, lo escuche con atención cuando comenzó a leer aquel pasaje de la biblia, su voz sonaba tal como debía, el era uno de los mas allegados al padre, era como si contara una historia su voz impregno todo aquel lugar, era una dulce melodía que sonaba llenando de extremo a extremo aquel cuarto, algo digno como despedida de aquel hombre que le había dado alegrías y amistad.

Cuando sentí su beso en la frente no puede evitar sonrojarme un poco y como respuesta a tu silenciosa petición solo sonreí de manera dulce, escuche aquella campana que llamaba a todos cual si fuera a misa pero en realidad anunciaba aquella perdida una muy dolorosa para toda aquella comunidad, todos asistieron a aquel llamado con flores algunos solo cargando sus recuerdos y su dolor, todos caminaban hacia la pequeña Iglesia que habían construido en aquel lugar, sabia que ese día estaría dedicado a la velación y ceremonia en honor a un ser que todos apreciaban.

Camine con mi “hermano” entrelazando mis dedos con los de el, conforme fuimos caminando el termino por abrazarme por completo a lo cual yo no puse objeción, llegamos hasta aquella pequeña casa en donde colocaron aquel cuerpo sobre la mesa, supuse que el que oficiaría la misa seria mi “hermano” así que sin desearlo demasiado me separe de el colocándome a un costado para que el pudiera iniciar con aquello, para después iniciar con la velación que duraría todo el día y la noche hasta la mañana siguiente
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Miér Feb 29, 2012 9:48 am

Ella se apartó de mis brazos para que me aproximara al altar. Besé su sien agradeciéndole aquellos gestos, el estar conmigo en aquel momento. Debía estar feliz porque Dios se llevaba a un buen hombre, porque él disfrutaría de su compañía. Sin embargo, la tristeza me inundaba al saber que él amaba este mundo, el mismo que a la vez le aterraba y hastiaba. Mis pasos hacia el púlpito fueron calmados, llenos de solemnidad.

Tomé la pesada Biblia con mis manos, acariciando aquella encuadernación negra con aquellas letras doradas. Se podía leer el título del libro sagrado. No me hubiera importado leer cualquier otro libro sagrado de las tres grandes religiones, pues Dios era el mismo y sólo cambiaba en su nombre. Sin embargo, tras el gran desastre la mayoría se aferraron al Dios cristiano y a la palabra de Jesús, a pesar que detestaban los expolios de la iglesia católica y que echaron de sus opulentos lugares a todo aquel sacerdote que no cumpliera las expectativas.

Mis cabellos dorados resplandecían con la luz del centenar de velas que fueron iluminándose. El aroma a cera e incienso se hizo presente. El sacerdote se encontraba a mi lado, él hablaría de mi buen amigo, que también lo era suyo, y me dejaría dar misa en honor a su alma. Mis manos siguieron sobre la encuadernación. Mis ojos azules se centraron en todos los que allí estaban, contemplándome con piedad y desesperación. Devotos de las palabras amorosas de Dios, en una Biblia escrita nuevamente con enseñanzas de ángeles y nuevos santos. Una Biblia a la cual le arrancaron lo cruel y déspota de ciertos hombres santos que sólo dividían a los hombres. La mujer ya no era dañada, ni vejada, y todo gracias a mis palabras hacia ellas.

-Bienvenidos seáis todos a este templo donde agradeceremos a Dios por la vida que le otorgó a Jeremías, así como pedirle que deje que sus pies cansados recorran los agradables pastos celestiales.

Hice la señal de la cruz antes de abrir el libro sagrado, ellos imitaron mi gesto mientras acomodaba mis cabellos tras las orejas. Mis ojos conocían aquellos salvos, alabanzas, palabras sabias y recuerdos. Gabriel, Miguel y yo mismo habíamos descendido para susurrarlas a los hombres.

“Señor, tú nos has sido refugio
De generación en generación.

Antes que naciesen los montes
Y formases la tierra y el mundo,
Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.

Vuelves al hombre hasta ser quebrantado,
Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.

Porque mil años delante de tus ojos
Son como el día de ayer, que pasó,
Y como una de las vigilias de la noche.

Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño,
Como la hierba que crece en la mañana.

En la mañana florece y crece;
A la tarde es cortada, y se seca.

Porque con tu furor somos consumidos,
Y con tu ira somos turbados.

Pusiste nuestras maldades delante de ti,
Nuestros yerros a la luz de tu rostro.

Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira;
Acabamos nuestros años como un pensamiento.

Los días de nuestra edad son setenta años;
Y si en los más robustos son ochenta años,
Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo,
Porque pronto pasan, y volamos.

¿Quién conoce el poder de tu ira,
Y tu indignación según que debes ser temido?

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.

Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo?
Y aplácate para con tus siervos.

De mañana sácianos de tu misericordia,
Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.

Alégranos conforme a los días que nos afligiste,
Y los años en que vimos el mal.

Aparezca en tus siervos tu obra,
Y tu gloria sobre sus hijos.

Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros,
Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros;
Sí, la obra de nuestras manos confirma.”

Después de la lectura del salmo 90, Juan, el párroco, se aproximó al altar para susurrar con voz temblorosa las bondades que había conocido de su buen y apreciado amigo. Recordó cuando no tenían más que pan duro para sobrevivir en los días de invierno y como él dio aquel pan a otros que parecían necesitarlo aún más. Recordó su obra en la iglesia, así como su amor hacia todos aquellos que se acercaban a su hogar. Alabó el amor que poseía hacia los animales, su perro había sido encontrado maltrecho en el bosque cuando era sólo un cachorro y él lo salvó, como salvó a otros y ayudó a curar las heridas de aquellos que se herían cuando sembraban, recolectaban o cazaban.

A continuación todos comenzamos a rezar, el Gloria a Dios, el Padre Nuestro y leímos algunos proverbios que a él le gustaban especialmente. Comenzaron a levantarse para darle sus últimas palabras, recuerdos en los cuales estaban sus lágrimas y alegrías. Cuando acabaron se quedaron los más allegados para cuidar su cuerpo, mientras los carpinteros fueron al taller para crear un bonito ataúd para su amigo.

Rufi apareció desorientado, caminando torpe por el pasillo central y acabó a los pies de aquella mesa. Nadie fue capaz de echarlo de aquel lugar, pues parecía custodiar a su amo como todos lo hacíamos.

-Olivia, ven.

Susurré bajando nuevamente hasta donde estaba, nos quedaríamos un rato allí y marcharíamos a descansar para obrar nosotros el milagro de la calzada, lo haríamos mientras ellos lo enterraban. Pediría que me ayudara a crear la carretera, pero eso sería cuando todos estuvieran frente a la tumba de nuestro amigo. Sería mi regalo, el milagro que él traería ya que tanto lo deseaba y tanto había rogado por verlo finalizado.

Nos colocamos en uno de los últimos bancos, sentados ambos allí contemplando las muestras de afecto y las lágrimas de otros. Yo intentaba mantenerme firme, aunque me sentía con deseos de sollozar nuevamente.
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Miér Feb 29, 2012 11:45 am

Todos llegaron y tomaron asiento en aquellas butacas, la misa iba a empezar, mi “hermano” camino hasta el altar con paso solemne, mis ojos recorrían el lugar viendo tanta tristeza y resignación al mismo tiempo, solo seres así podían tener esos sentimientos juntos, todos y cada uno de ellos, las palabras comenzaron a fluir después de que nos persignáramos todos, el sacerdote dijo algunas palabras para que después la dulce voz de mi “hermano” inundara todo aquel lugar, el aroma a incienso hacia el complemento perfecto para todo eso.

Después de tan bella misa algunos se retiraron para hacer algunos deberes, otros tantos se quedaron incluidos nosotros, escuche su voz llamándome y con una cálida sonrisa fui hasta el tomando su mano nos fuimos a sentar hasta una de las ultimas bancas donde se podía ver aquel cuadro tan conmovedor , aquel viejo perro a sus pies con la tristeza al igual que la de todos los ahí presentes, incluido mi “hermano”, sabia que el también sufría por aquella perdida, sin soltar su mano de la mía me recargue en su hombro acariciando su mano de manera suave, quería darle consuelo el verle así era algo que me causaba cierto dolor uno que jamás había sentido.

Por un lado esperaba que la noche fuera larga pero por otro no tanto por el bien de el, la gente iba y venia cambiando cada tanto su guardia hasta que pasaron todos y volvió de nuevo la primera, mi “hermano “ y yo casi no nos movimos, continúe acariciando su mano tratando de darle calma cada tanto mientras las velas se consumían despacio y suavemente
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Vie Mar 02, 2012 5:46 am

Abandoné mis manos entre las suyas, acariciando el dorso cálido y suave que estas tenían mientras rezaba en silencio. Mis ojos estaban fijos en el cuerpo inerte, aún cálido, de mi viejo amigo. Dicen que quien posee un amigo tiene un enorme tesoro, lo cual es cierto. Aquella noche había dejado uno de los más preciados, por ello como agradecimiento a Dios por haberme hecho partícipe de su vida regalaría, junto a Olivia, a su pueblo un pequeño milagro. Haría aquello en gesto amable y partícipe de la vida de los aldeanos, prácticamente construiríamos solos aquella calzada, salvo el último tramo para que su esfuerzo también estuviera en cada metro de asfalto.

Ellos tendrían que pintar las líneas, colocar las señales y algunas trampas para los asaltantes. Nosotros simplemente pavimentaríamos el polvoriento camino, reforzaríamos el puente sobre aquel lecho de río tan lleno de vida y en ocasiones de muerte.

-Ayúdame.

Mis labios prácticamente no se movieron, pero sí mi cuerpo se levantó tomándola de las manos para ayudarla a levantarse de su asiento y que me acompañara. Sería su guía hasta aquel comienzo de carretera, donde nadie iba ahora pues todos estaban demasiado ocupados para poder fijarse en aquel pequeño milagro que ocurriría frente a sus narices.

-Él deseaba que el polvoriento camino fuera asfalto únicamente para ayudar a las parturientas, animales enfermos, niños que necesitaban atención médica o adultos que se herían con herramientas o luchas con seres sobrenaturales.

Dije aquello contemplando las piedras de la calzada mal amontonadas. Habían usado los pocos materiales que lograban conseguir de la cantera, pese que el río se había llevado la mayoría. El puente era inestable y de madera, no aguantaba más de tres personas sobre este. No era lo mejor para llegar hasta la ciudad, más bien era lo más peligroso que podían poseer.

-¿Puedes crear asfalto hasta unos metros cercanos a la carretera principal? No lo pintes, haz que ellos lo hagan, y tampoco dejes señalizado el paso. Tan sólo obra el milagro de esa lengua oscura abriéndose paso por el frondoso bosque. Yo te ayudaré, te daré parte de mi energía y mi apoyo.

Giré mi rostro hacia ella contemplándola ensimismado. Sus ojos eran cómplices con los míos, haríamos algo más que arrimar el hombro. Construiríamos por ellos, pues padre sabía que yo deseaba curar a los enfermos y ayudar a sus almas, ella necesitaba ayudar a otros para sentirse plena pues estaba destinada para ello. Ambos teníamos misiones que cumplir y dar felicidad, además de prosperidad, a un pueblo era una de tantas.

-Mejora también el puente, por favor. Olivia, es lo único que voy a pedirte que hagas por mí.
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Mar Mar 06, 2012 9:12 am

Toda la noche la pase al lado de el sosteniendo su mano y tratando de darle consuelo esperando que funcionara, su tristeza era mucha y yo sentía una extraña opresión en el pecho al verlo así, por momentos sentía que lo que hacia no era suficiente y debía hacer mas pero no sabia que así que solo me dedique a hacer eso, mis manos acariciaban una y otra vez aquellas manos grandes y fuertes que poseía mientras mi cabeza descansaba en su hombro mientras escuchaba aquellos rezos que parecían canticos elevados al cielo con su dulce voz.

En un momento el me escuche su voz llamándome, me levante y fui con el para ayudarlo como me lo había pedido, escuche aquellas palabras que me daban instrucciones de lo que quería que hiciera, lo que pedía no era nada difícil -Gracias aun que no creo que sea necesario que me la des - le dije sonriendo, no creía que fuera tan difícil hacer lo que me pedía y de inmediato me puse a realizar aquello.

Camine hasta donde tenía que iniciar aquella lamina de asfalto negro, y cerré mis ojos y me concentre imaginando aquella gran avenida firme de color negro, poco a poco fue apareciendo a lo largo y ancho que debía ser, mis alas salieron libres y me eleve un poco, una luz emano de mi irradiando la energía necesaria para que aquello apareciera, poco a poco fue creciendo tan larga, ancha y firme como se requería, tal como me lo había pedido el sin pintar y sin señales, solo la lengua negra que ayudaría a las parturientas y a los enfermos tal como quería aquel hombre que ahora lloraba un pueblo completo.

Después me encamine hasta el puente y lo toque haciendo que mi brillo aumentara, toda la estructura se engroso y las uniones se fijaron a la perfección haciéndolo estable y firme, el piso se hizo de una sola pieza los cimientos fuertes para que nada lo tumbara, me eleve de nuevo por los aires volando a su alrededor y cada que pasaba este era mucho mas fuerte y mejor.

Cuando hube acabado fui en busca de mi “hermano” con una sonrisa de satisfacción en mi rostro -He terminado - le dije sonriendo aun que a decir verdad estaba algo débil pero no quería mortificarlo, ya tenia demasiado como para que aun hubiera mas cosas por las que se preocupara.
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Jue Mar 08, 2012 7:59 am

Ante mi atenta mirada ella comenzó a realizar mi encargo. Parecía una hermosa aparición venida del corazón de Dios mismo. Sus alas se expandieron frente a mis ojos provocando que me fascinara por el brillo, por su dedicación y sus sentimientos tan bondadosos con aquellos a los cuales deseaba cuidar. Ofrecía lo más puro que se puede otorgar, el dulce deseo de la felicidad y el bienestar para todos aquellos que se encontraban a nuestras espaldas. Algunos dormían sofocados por el dolor, otros simplemente realizaban los preparativos oportunos para un digno funeral.

Percibí como había disminuido su energía, como parecía algo más pálida y frágil. Me moví con rapidez estrechándola entre mis brazos, dejando recargada su cabeza sobre mi pecho mientras escuchaba aún como sus palabras retumbaban en mi cabeza. Su rostro tenía un leve gesto de fatiga, sin embargo no disminuía su candidez y dulzura. Aparté mi mirada para comprobar su trabajo, un magnífico y poderoso trabajo elaborado con el deseo de un futuro próspero para los ciudadanos de la aldea.

Frente a nosotros se veía aquella lengua oscura tan densa como la noche, a ambos lados los árboles crecían orgullosos proyectando sus ramas hacia la calzada. El río caudaloso parecía cantar alabanzas para el puente que lo peinaba. Aquel mundo era hermoso sin ser tocado por la mano del hombre, sin embargo pedía a gritos mejoras para los enfermos y futuros frutos que surgieran entre las piedras de aquel hermoso paraíso.

-Te llevaré a descansar, Olivia.

Parte de mi energía fluía por mis venas atravesando su luz hasta la yema de mis dedos, así como cualquier parte de mi cuerpo. Traspasaba aquella luz hacia el suyo, ofreciéndole de esta forma los cuidados necesarios para que recuperara su color natural, así como el brillo de su mirada algo pálida en aquellos momentos.

Incliné mi rostro sobre el suyo, cubriendo sus facciones con las mías mientras la inspeccionaba. Mis alas surgieron de mis espaldas ocultándonos de la vista de cualquier ser humano. Mis labios rozaron entonces los suyos ofreciéndole un beso sin pecado, lleno de ternura y energía. Proyectaría en ella uno de mis dones, el de cuidar el cuerpo de aquellos que eran amados por Dios. Cerré mis ojos con un leve rubor en mis mejillas, no sabía como se tomaría aquello aunque esperaba que comprendiera.

Oculté nuevamente mis alas caminando sobre el asfalto, dejando que este nos llevara hasta la carretera. No podíamos descansar en el pueblo tras aquel acto de generosidad por su parte. Ya nadie nos vería de la misma forma, nosotros lo deseamos por bondad y no por deseos de ser recompensados con halagos y alabanzas. Tan sólo esperaba que el funeral de mi buen amigo fuera hermoso, así como lo había sido su velatorio.
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Jue Mar 08, 2012 5:00 pm

Mi trabajo ya estaba hecho, me sentía satisfecha aun que algo cansada pero bien lo valía, cuando sentí sus brazos rodearme sonreí recargándome en su pecho, aquella sensación era mas que reconfortante, el sentirlo tan cerca de mi, no podía describirlo me deje perder por unos instantes en esa sensación mientras el veía lo que había hecho, esperaba que estuviera bien y le agradara, escuche sus palabras y sonreí, no quería que se preocupara por mi pero no puse resistencia cuando sentí su calida energía recorrer mi cuerpo.

Estaba completamente sumida en esa sensación cuando sentí su rostro tan cerca del mio mi corazón empezó a latir con un poco de mas fuerza, el sentirlo tan completamente cerca me hizo sentir algo que era completa y totalmente nuevo, cuando sus alas nos cubrieron fue una gran sensación de protección una que jamás había sentido, todo era nuevo cada sensación pero todo se volvió un torbellino al sentir el rose de sus labios, no había ninguna mala intención ni maldad ni en el ni en mi, mis mejillas se tiñeron completamente de rojo mientras recibía aquel beso lleno de ternura, sentí como de inmediato todo aquel cansancio se desvaneció al igual que todo a mi alrededor, era la primera vez que alguien me besaba no importaban las circunstancias.

Cuando me soltó me quede unos minutos ahí donde me dejo tratando de comprender cada cosa que sentía pero no lo lograba, después de un momento trate de alejar todo eso y concentrarme en lo que teníamos que hacer, lo vi caminar hacia aquel camino y camine con algo de distancia y con todas aquellas cosas que daban vueltas en mi cabeza
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 10, 2012 8:40 am

Me giré para comprobar que me seguía, pues escuchaba sus pasos a cierta distancia. Su rostro estaba sumido en pensamientos que no reconocía, o más bien meditaba intentando descubrir qué había ocurrido. De inmediato me sentí culpable, mis ojos se ensombrecieron y mi rostro se cubrió de una lámina de amargura por haber robado de esa forma esa caricia de sus labios. Detesté haber desencadenado su confusión y rogué que no me odiara por ello, aunque sabía que era un sentimiento imposible de poseer por seres como nosotros, puros y llenos de la gracia de Dios.

Caminé hacia ella tomándola del rostro, provocando que me contemplara unos instantes mientras mi alma se calcinaba por esa pesada carga de culpabilidad. Deslicé mis dedos sobre sus mejillas, hasta la comisura de sus labios y la punta de su mentón. Mis dedos jugaban con la suavidad de su piel, pues deseaba imprimir en ella calma antes de hablar disculpándome.

-Lo siento, lamento tanto haberte hecho sentir incómoda. Te ruego que no me odies, aunque sé que tú jamás podrías hacerlo.

Aparté mis manos de sus mejillas, para colocarlas sobre sus caderas atraiéndola hacia mi. Mis brazos rodearon su cuerpo por su cintura, mientras mis labios rozaban sus cálidas mejillas. Parecía una niña avergonzada por un hecho impuro, sin embargo en mi beso sólo había existido un amor incondicional hacia ella, una gratitud intensa y cierto deseo de comprobar que se restableciera con normalidad.

-Sólo deseaba agradecer tu bondad.

Susurré hundiendo mi rostro en el lado derecho de su cuello, dejando que mi aliento acariciara su piel y mi nariz respirara su aroma natural, el cual era tan dulce como ella misma. Temía haber roto algo en ella, que me alejara como a un maldito. Yo sólo quería, o más bien rogaba, que no tomara mis acciones en mal camino. Aunque algo en mí quemaba cuando tocaba su suave envoltorio.

-Caminemos.

Murmuré apartándome de ella, contemplándola con serenidad mientras la tomaba de las manos. Deseaba salir pronto de aquel lugar, a pesar que la primavera comenzaba a brotar poco a poco, pues no quería ser divisado por los aldeanos, y tampoco deseaba que la vieran a ella.
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 10, 2012 9:33 am

Se acerco y su mirada se poso en mi, no pude evitar perderme en aquel azul que solo se comparaba con el cielo que nos cubría cada día cuando el sol empieza a iluminar la tierra mostrando su hermosura, sus dedos se deslizaron sobre mi rostro y un extraño cosquilleo con ellos, era una sensación que a pesar de ser extraña era bastante grata, jamás había sentido algo así pero no deseaba que parara, después sus palabras eran de disculpa pero por que no lo entendía el no había hecho nada malo -Oh lo has hecho, no me he sentido incomoda- no era así al contrario había sido algo muy agradable pero no sabia describir que era.

Cuando me atrajo hasta el lo abrace por el cuello quedando mi cuerpo pegado al de el, sintiendo aquel calor que emanaba de el cerré mis ojos cuando su cálido aliento recorrió mi piel y sin poder siquiera verlo venir un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, mi única reacción fue abrazarlo con un poco mas de fuerza, cuando se alejo no comprendí esa sensación de perdida, jamás me había pasado nada así y no comprendía nada de lo que pasaba así que solo asentí cuando dijo que camináramos los aldeanos estaban por ir y no debían encontrarnos así que solo sonreí -Tenemos que irnos no tardaran en llegar y ver lo que esta hecho - le dije viendo sus manos en las mías
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 10, 2012 10:01 am

Percibía el calor de su mano contra la mía, entrelazando mis dedos con los suyos mientras miraba hacia el frente, justo hacia la profundidad del camino. Las ramas de los árboles dejaban cierta fragancia en el aire, de madera y savia, mientras que las flores comenzaban a despertar intentando dar sus mejores frutos en unos días. Pronto el bosque entero cantaría con la madre naturaleza, el poder más mágico y significativo de Dios. Nosotros dejábamos que nuestros pasos se perdieran por la lengua de asfalto, mientras mis pensamientos se volvían retorcidos pese a mi aparente calma.

Empezaba a recordar qué era aquel calor en mi pecho, esa llamarada que parecía ser parte de los infiernos aunque era muy parecida a la luz de Dios, nuestro Padre. Hice memoria regresando al pasado por unos segundos, analizando la situación como si ocurriera en ese mismo instante. Aquel beso cándido de Marta, su sonrisa dulce y sus caricias sinceras, me hicieron temblar con aquella llamarada. El amor se abría paso en mi alma provocando graves heridas que jamás cicatrizarían. Tuve miedo en ese mismo instante, deseé apartarme de ella y volar lejos para que jamás me encontrara. Ese sentimiento destinado a ser para Dios, sus criaturas y jamás de una forma más allá de la complicidad de unos amantes. Estaba cometiendo un error y si no ponía freno, o quizás límite a mis acciones, causaría un daño irreparable en ella y en mí, aunque yo en ese instante no importaba en absoluto.

-No me sueltes, no te alejes y sin embargo no permitas que esto vaya a más.

Aquello era un rezo a mí mismo, un ruego a mi sensatez. Tuve la suficiente templanza para tragar duro, proseguir mi camino junto a ella y no desear volver a besarla. Pues la próxima vez que lo hiciera quizás lo hacía de una forma menos honesta, buscando cierta necesidad prohibida y profunda.

-Dios está orgulloso de ti Olivia, tanto como lo estoy yo por tu gran trabajo.

Mis palabras sonaron ciertas, aunque rotas. Tenía un pesar en mi pecho que me asfixiaba. Ella no debía saberlo, tan sólo seguiría la llamada de Padre y jamás la de mis deseos, pues estos estaban acompañados por un pecado que no quería compartir, ni vivir y mucho menos que ella lo sintiera venido de mis propias manos.
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 10, 2012 10:44 am

Sus dedos se enredaron en los mios, ya lo habían hecho con anterioridad pero el cosquilleo suave que sentía cuando lo hacia se había intensificado, mientras caminábamos trataba de comprender que era lo que estaba pasando sin poderlo comprender, camine a su lado en silencio tratando de comprender por que deseaba que me volviera a abrazar o incluso a….. rosar mis labios de la misma manera que lo había hecho en aquel momento

Escuche como alzaba una oración pero no sabia para quien era, si era a mi yo no deseaba apártame de su lado aun que a que se refería con ir a mas?, el escuchar que estaban orgullosos de mi me hizo sonreír un poco pero después note aquel dolor que había en el no comprendía por que había surgido y me acerque colocando mi mano en su mejilla tratando de que eso desapareciera -Pasa algo malo?- pregunte con preocupación acercándome mas para que la alegría que había en mi pasara a el lo mejor posible, no sabia por que siempre me dolia tanto verle mal.

Me pare frente a el casi estando tan cerca como me había tenido sintiendo aquel calor de su cuerpo que parecía llamar, lo contemple unos instantes antes de abrazarlo
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Re: Privado - Conversaciones en un café -

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 10, 2012 1:10 pm

Paré mi caminar girándome hacia ella, quedándome con los ojos perdido en los suyos. Estiré mis brazos hacia su cuerpo tomándola entre mis brazos. Cerré los ojos deseando no abrirlos, quedándome de aquella forma unido a ella en silencio. No era capaz ni de pronunciar palabras sensatas para el sentimiento que llameaba en mi corazón. Aspiré el aroma de su cabello una vez más, rodeándola con una necesidad imposible de describir y sollocé como jamás lo había hecho desde la muerte de Marta.

-Olivia, mis sentimientos por ti aumentan y esto no lo ve bien Dios. Ni siquiera puedo explicarte bien qué sucede, ni como lo sé.

Mis palabras me herían al decir aquello, era como si fuera incapaz de aceptar el hecho que hubiera ocurrido de la nada. Mis ojos se quedaron fijos en ella mientras me inclinaba hacia su rostro, mis labios rozaron nuevamente los suyos. Mi lengua esta vez acarició la suya mientras sollozaba, el amor que estaba sintiendo no era digno. Debía irme antes de cometer la mayor de las atrocidades.

-Prométeme que no perderás la luz de tus alas, hazlo por mi. No te dejes engañar, no caigas en la ira o codicia que a veces invade a nuestros hermanos. No te niegues a las órdenes de Dios. Que tu curiosidad no mate tu espíritu. Pues no me importa perder las mías, pero no me perdonaría verte a oscuras lejos del amor de Padre.

Dije aquello separando mi boca de a suya, apartándome abriendo mis alas para echar a volar. Me alejé de ella de forma rápida, o más bien desesperada, esperando que no me siguiera. Quizás huía por cobardía, pero simplemente no podía enfrentarme a tales sentimientos de aquella forma.
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